Álex Palou impulsó la llegada de la serie estadounidense al Circuito de Barcelona-Cataluña en su primera visita a Europa desde 2007.
Por primera vez desde 2013, la IndyCar celebrará una carrera fuera de Norteamérica, marcando además su regreso a Europa tras casi dos décadas de ausencia desde que corrió en los Países Bajos en 2007. La sede elegida para este histórico evento es el Circuito de Barcelona-Cataluña en España, con fecha prevista para el verano de 2027, lo que representará un hito en la expansión internacional de la categoría estadounidense de monoplazas.
Este movimiento de la IndyCar tiene un claro protagonista: Álex Palou. El piloto español ha dominado el campeonato americano con un nivel impresionante, acumulando en siete años dentro de la categoría cinco títulos, 25 victorias, 51 podios y el triunfo en las legendarias 500 Millas de Indianápolis con el equipo Chip Ganassi Racing —estructura con la que ha disputado seis de esos siete años—, consolidándose como uno de los principales referentes a nivel mundial.
El regreso a Europa podría no limitarse a España. Diversos reportes apuntan a que la IndyCar también estaría evaluando al circuito de Zandvoort como otro destino internacional a futuro, lo que marcaría la vuelta de la serie a los Países Bajos aprovechando que la Formula 1 ya no correrá en ese trazado el próximo año, abriendo una ventana logística y comercial sumamente atractiva para la categoría estadounidense.
No obstante, esta expansión europea contrasta con el proyecto que no logró concretarse en territorio mexicano. Existían planes avanzados para llevar la categoría al Autódromo Hermanos Rodríguez impulsados por la enorme popularidad de Pato O’Ward, el piloto más mediático de la parrilla actual. Sin embargo, las negociaciones no prosperaron debido a las altas exigencias impuestas por los operadores del circuito en la Ciudad de México, Ocesa, bloqueando temporalmente una carrera que contaba con un alto potencial de éxito.
A pesar del entusiasmo que genera la llegada a España, el anuncio dejó una profunda decepción entre los aficionados más tradicionales: la pérdida de otro trazado oval en el calendario. Para la próxima temporada, la IndyCar quedará únicamente con cuatro óvalos y cinco carreras en este tipo de circuitos, reduciendo la presencia de uno de los elementos más característicos, exigentes y representativos en la historia de la categoría.
