En un enfrentamiento que trascendió el terreno de juego, el gobierno venezolano acusó a Perú de xenofobia después del empate en el Estadio Nacional de Lima. Las autoridades de Venezuela denunciaron agresiones físicas a su equipo, incluyendo la lesión de Nahuel Ferraresi, central del Sao Paulo, quien afirmó haber sido golpeado por la policía local.
Tras el partido, la plantilla venezolana intentó expresar su agradecimiento a los aficionados peruanos, regalando camisetas, pero fueron detenidos por las autoridades del estadio. La Federación Venezolana de Fútbol condenó las agresiones y exigió respeto al derecho internacional.

La situación se agravó cuando, al intentar regresar a Venezuela, se les impidió cargar combustible en el Aeropuerto de Lima. El canciller venezolano, Yván Gil, acusó a Perú de aplicar un “secuestro vengativo” a su equipo y denunció xenofobia. El exministro del Deporte de Venezuela, Pedro Infante, también criticó la supuesta institucionalización de la xenofobia.
La respuesta peruana llegó a través de la cancillería, lamentando la situación pero negando haber prohibido el suministro de combustible. La Conmebol condenó la violencia, el racismo, la xenofobia y la discriminación, sin hacer referencia directa a los incidentes en Lima.
Mientras Venezuela destaca en las eliminatorias sudamericanas con nueve puntos y busca avanzar a la Copa del Mundo, Perú se mantiene en el sótano con dos unidades, en medio de una polémica que va más allá de los resultados deportivos.